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Trilogía de posts de desarrollo personal:

     1. Mi camino hacia la cima.
     2. El viaje de la mejora continua.
     3. Claves para tu camino.


POST Nº3
– Claves para tu camino.

Llegamos a la culminación de esta trilogía de posts relacionados con el desarrollo de nuestra mejora continua, personal y profesional.

En ‘mi camino hacia la cima‘ te conté mi historia y expuse todo aquello a lo que me he tenido que enfrentar en la vida, durante el proceso de mi escalada hasta la cima, para materializar mi transformación personal y profesional.

No ha sido nada fácil llegar hasta el punto donde me encuentro hoy en día.

Cambiar es un proceso muy lento porque cambiar cosas de raíz, precisamente, requiere ir muy muy despacio.

Hace falta mucha honestidad. No siempre vas a estar bien, pero es un trabajo que vale el riesgo. Sin la más mínima duda.

Después, en ‘el viaje de la mejora continua‘, te entrego una herramienta para que ejecutes tus procesos de cambio de forma consciente, explicándote sus contenidos, punto por punto.

Es exactamente la misma herramienta que he aplicado en mi camino, en mi proceso de cambio y crecimiento, con los resultados que ya estás viendo.

Por eso sé el poder que tiene para ayudarte a cambiar, para dirigirte hacia las cosas que de verdad deseas.

Ahora, cambiar exige determinación y emerge de un por qué, de un propósito, cristalino como el agua.

Si no existe un por qué, ese propósito de vida, sólido y arraigado en el alma, el cambio no es 100% direccional; simplemente se convierte en una veleta que varía según el viento.

Ahora, déjame decirte, cuando existe un norte hacia el que dirigirse…

Te puedo asegurar que no existe nada más fuerte y poderoso que un ser humano determinado a cambiar, toda vez que conoce su propósito de vida, su por qué.

Una persona que sabe lo que quiere y cómo lo quiere, comienza a avanzar a una velocidad muy superior hacia el lugar que ha decidido llegar.

Lo sé porque lo he vivido.

Así que, en este tercer post, vamos a trabajar, de manera práctica, cómo entender y resolver problemas cotidianos en situaciones y contextos reales en los que estos acostumbran a presentarse en nuestro día a día.

Huelga decir que lo primero que se ha de resolver son los bloqueos, de manera que le vamos a dar la vuelta al orden con que hemos trabajado los conceptos, dejando en este caso las claves de la montaña para después.

Vamos allá.

Los bloqueos.

Vamos a ir conectando con esas situaciones en las que sientes que quieres hacer algo determinado, pero te entra ese miedo, culpa o emociones lastrantes, etc. a la hora de hacer ese algo.

Sientes ese bloqueo, como si tuvieras unas cadenas que te estuvieran rodeando e impidiendo moverte…

¡¡Pero en realidad sí que puedes hacerlo, nada te lo impide!!

Ves fantasmas donde no los hay, porque en realidad lo que esa situación te está queriendo decir es que debes hacerlo para crecer y trascender esos contextos.

En otras palabras, los bloqueos se superan enfrentándose de frente -valga la redundancia- a esos miedos.

Es decir, hazlo con miedo, pero hazlo.

Afróntalo, deja de culpar a agentes externos y asume el 100% de la responsabilidad en todas las áreas de tu vida: biológica, laboral y afectiva.

Te aseguro que a partir de esa voluntad todos los problemas y bloqueos se disuelven, te conviertes en una persona direccional que va a por lo que quiere y que deja de tener miedos al confiar en sí mismo.

También aprendes a soltar, a dejar ir, porque ten clara una cosa: para hacer espacio a lo que quieres en tu vida, tienes que soltar todo lo que NO quieres. ¿Evidente, verdad? Pues no todo el mundo lo aplica por falta de conciencia.

Es el gran clic de la trascendencia y sanación de esos bloqueos, porque en realidad también es un proceso de sanación perpetuo ante situaciones que se nos presentan y repiten en el día a día.

Con que, a partir de estos cimientos, pongámonos a trabajar.

 

Creencias limitantes.

¿Te has dado cuenta de que en tu familia siempre te han hablado de lo que no puedes hacer?

No, no te estoy diciendo que sean culpables de nada, porque de hecho a ellos también los han condicionado desde pequeños, con discursos mediáticos, señalándoles y poniéndoles siempre el foco en situaciones de carencia.

El mundo funciona así, te van a estar diciendo permanentemente que no puedes hacer esto, que no puedes hacer lo otro, que dónde vas, que estás loco, que así no llegarás a ninguna parte, bla, bla, bla, blá.

Olvídate de todo lo que te han dicho.

Lo que se le dice a alguien, o lo que se dice de los demás, siempre es la proyección de lo que hay dentro de uno mismo.

Cuando comiences a creer en ti, cuando tomes conciencia de la inmensidad de las capacidades que hay en ti, tengas la edad que tengas y estés en la situación que estés, emergerá una determinación inquebrantable por trabajar tu mejora continua.

Iniciarás un proceso con el que te sentirás feliz contigo, después llegará la paz y, ahí, te pondrás a trabajar.

Sin prisa pero sin pausa.

Entonces, te aviso, tu mente y tu discurso chocarán con el exterior.

En ese momento deberás buscar, con decisión, pasar tiempo con gente que hable tu mismo idioma; lo vas a necesitar.

Te estimulará muchísimo más y te empujará decididamente en la dirección que quieres alcanzar, avanzando mucho más rápido de lo que imaginas por pura retroalimentación.

Y te aviso, es un camino de despedidas: de decir adiós a muchas personas que ya no conectan contigo; forma parte del precio que has de pagar para alcanzar tus objetivos.

Es trabajo interior que comienza con la aceptación; tanto para con uno mismo y como para con los demás.

Aprenderás a decir que no y a hacerte valer y respetar porque, simplemente, empezarás a invertir en ti.

Tiempo, dinero, esfuerzo, trabajo… para construirte como quieres, de raíz.

Para crecer de verdad, elimina las creencias limitantes de tu vida.

¿Cómo? Trabajando duro a diario en ti y en tu proyecto.

 

Emocionalidad.

Imagínate. Te pasa algo que te enfada, que te indigna, y te saca de tu centro; has perdido un trabajo o has terminado una relación y tu foco, automáticamente, está en querer olvidarte de esa situación.

Bien, ahora, adivina. ¿En qué crees que estarás pensando si quieres olvidarte de eso permanentemente?

Precisamente en la situación en la que no quieres pensar.

¿Qué genera emocionalmente en ti? Más malestar que, además, se retroalimenta de manera tóxica, pudiendo llevarte a caer en los excesos. Bebida, comida o cosas peores.

Ese no es el camino.

¿Cómo lograr ‘olvidarte’ de eso? Aplicando la ley de la sustitución de foco.

Canaliza esa energía trabajando en crear o mejorar ese proyecto profesional, en hacer deporte, en leer contenido sobre ese tema del que quieres aprender… cosas constructivas.

Te lo dice alguien que, tras una ruptura, creó, al día siguiente, la página de venta completa del mentoring de este proyecto, que después apenas he modificado en un par de matices.

Tienes que tener esa fuerza, esa determinación, de canalizar toda la energía hacia cosas constructivas que te hagan ser mejor en lo personal o en lo profesional.

Con el tiempo te lo agradecerás enormemente.

Créeme, ayuda a restarle importancia a todo y a dejar ir, emocionalmente, esas cosas o personas que ya no están.

Soltarás.

Te resultará muchísimo más fácil ganar estabilidad interior porque ganarás ‘gravedad’; me explico.

¿Qué ocurre con los planetas más grandes? ¿Qué ocurre con las estrellas? Tienen otros cuerpos celestes orbitándoles como consecuencia de su relevante ‘peso’ gravitatorio.

Bien, pues construirte como quieres, automáticamente, tiene el mismo efecto.

Dejarás ser tú quien orbite esas cosas o personas que tanto deseas, para darte a ti lo necesario, para construirte y, en suma, ganar mayor ‘peso gravitatorio’ en lo personal o en lo profesional.

¿Consecuencia?

Acabarás por atraer aquellas cosas que deseas, de manera completamente natural, como consecuencia de no parar de crear y recorrer el camino de la vida que de verdad quieres tener.

Lo más importante es que tus emociones dejarán de ser una montaña rusa; encontrarás paz, y crearás tu propio océano, en calma, de oportunidades.

Todo en la vida fluye de dentro hacia afuera.

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Síndrome del impostor.

Bien, pongamos que estás desarrollando tu proyecto; tal vez se acerca el momento del lanzamiento. Comienzas a sentir ese miedo o ese vértigo a la venta porque, en tu raíz, no te sientes suficiente.

¿Cómo superar el síndrome del impostor?

Párate por un instante y mira hacia atrás el camino recorrido. Cuando creas un proyecto, el primer caso de éxito siempre es uno mismo, al ser el resultado de aplicar todas esas habilidades y conocimientos.

En otras palabras, ya te has cargado de todo el valor necesario para, ahora, ir a entregarlo a los demás.

Ahora puedes dar lo que ya tienes; lo que ya has creado y aplicado.

Date cuenta y observa cómo te hace sentir.

Ahora piensa.

¿Cuántas personas crees que disfrutarían aplicando lo que te ha llevado al éxito en un área determinada de la vida?

Tú estás ahí para ayudar, enfócate en ello y recuérdalo porque, si has llegado a este punto, ya tienes mucho valor sólido para ofrecer, para dar, para ayudar. ¿Entendido?

Et voilà‘, adiós al síndrome del impostor.

 

Miedo.

Imagina que sientes miedo a no tener clientes. ¿Cómo librarnos de él?

Bien, empecemos por deconstruir el miedo. ¿Qué es el miedo?

El miedo es una emoción negativa que nos atenaza, que nos bloquea, y que nos lleva a dejar de hacer cosas que realmente nos gustaría conseguir. No hay nada más incómodo.

El miedo se genera en la amígdala, de donde emergen dos partes irracionales de la personalidad, la negativa y la positiva.

La parte negativa genera miedo y ansiedad.

Ahora, hay dos tipos de miedo: el real y el irreal.

El real se corresponde con una amenaza externa real, mientras que el irreal es cuando esa amenaza no existe; proviene de pensamientos distorsionados que no se ajustan a la realidad.

¿Cómo se desactiva el miedo?

De nuevo, ley de sustitución de foco.

Activa tu parte irracional positiva, que fluye cuando: cantas, bailas, cocinas, haces deporte, lees tu libro favorito, te vas de excursión a tu lugar silvestre favorito, juegas a lo que sea, tienes sexo, creas el proyecto de tu vida que te apasiona…

En definitiva, lo logras disfrutando y haciendo actividades que te otorguen paz y tranquilidad al conectarte con tu momento presente.

Ni estás en el pasado doloroso ni en el futuro incierto, estás en el aquí y en el ahora.

Dejas de preocuparte por cosas que no sabes si van a ocurrir y te centras en trabajar en aquello que dominas para hacer que, lo que quieres, ocurra.

Es decir, el miedo inicial que tenías a no tener clientes desaparece en el instante en el que aplicas procesos de venta probados basados en un producto cuyo objetivo es ayudar a los demás, de forma honesta.

Por eso es tan relevante el propósito vital, porque le da sentido y relevancia vital a tu proyecto, transformando el trabajo en algo apasionante que activa permanentemente tu parte irracional positiva.

Lo que no quita que también debes desconectar y hacer pausas para no quemarte, disfrutar de otras cosas, precisamente con esas que siguen activando tu parte irracional positiva que, asimismo, mantienen a raya cualquier tipo de miedo.

 

Culpa.

Imagina la clásica situación de los infoproductores: pasas mucho tiempo de ‘reclusión’ voluntaria para crear y montar todo el proyecto; te sientes culpable por no poder atender, como te gustaría, a tu familia.

Párate por un momento y analiza la situación.

Crear un proyecto requiere pagar un precio en tiempo, dinero y esfuerzo.

De acuerdo. Se trata de invertir en ti.

Ahora, interiorizar este concepto, no necesariamente resuelve que sientas culpabilidad; también requiere trabajarlo de manera consciente.

¿Cómo? Haz dos cosas.

Por un lado, pensando que estás creando algo, ahora, que te permitirá hacer que, después, también lo disfruten los demás; sea por el valor que aportas o por el tiempo que ganas para ti, para estar con los tuyos.

Habrá una recompensa, para ti y para todos.

Por otro, haciendo un ejercicio consciente de descargar cierto peso de responsabilidad.

Habla con tu familia, comunícate con las personas a las que estés ‘desatendiendo’, para que empaticen contigo e ir liberando ese pesado sentir.

Comunica la situación y expón que necesitas de esa ‘ayuda extra’ para poder avanzar con lo que quieres.

Sientes que no puedes con todo y que necesitas más espacio para ti, para construir.

Te apoyarán, incluso puede que más de lo que esperas.

Sentirás más paz y avanzarás más rápido.

 

Apego.

¿Cuántas veces has sentido aquello de «no puedo vivir sin esta cosa o esta persona»?

Probablemente en más de una ocasión y, date cuenta, la vida siempre ha continuado.

¿Por qué sentiste eso? Porque idealizaste, lo pusiste todo en un pedestal y, adivina…

Si tú pones algo o a alguien en un pedestal, implícitamente tú mismo te estás colocando en posición de esclavitud y dependencia.

Te aseguro que es lo último que quieres, porque pierdes todo tu ‘poder’ y control sobre ti.

Lo peor: estás en modo necesidad -y la necesidad espanta- que deriva en dependencia emocional que, a su vez, te hace vivir en una montaña rusa en función de si la gente valida o no tanto lo que haces como lo que dices.

Tiendes a sobrerreacionar y los demás se alejan de ti.

¿Por qué? Porque, de nuevo, estás orbitando cosas accesorias de la vida, necesitándolas, en vez de hacer que estas orbiten alrededor de ti por tu fuerza ‘gravitatoria’, al construir, en modo y forma, la vida que quieres.

La diferencia es sideral.

Pero tampoco se trata de que te apegues a tu proyecto; tan tóxico es un extremo como el otro.

La adicción al trabajo te puede privar de ‘tiempo de vida’, es decir, tiempo disfrutado; trabaja en tener equilibrio.

De lo que se trata es de que tu centro esté en ti, en tu creación y, a partir de ello, disfrutes de todo lo demás, sin llegar nunca a necesitar nada, ni a nadie. Se trata de ser independiente.

¿Cómo se consigue?

En mi caso, lo he logrado trabajando, desde el día 1 de diciembre de 2020, en mis áreas biológica, con dos horas de entrenamiento diario, y laboral, creando este proyecto que tienes delante.

Sin fallar ni un solo día; huelga decir que continúo entrenando y trabajando en mi mejora continua.

Por ley de transferencia de resultados, mi área afectiva, que fue la que inició la transformación, también fue, por sí sola, sin hacer absolutamente nada especial, a su lugar natural.

Piénsalo.

Quien tiene magia no necesita trucos.

Recobré el poder y el mando en mi vida, sin depender de absolutamente nadie para absolutamente nada.

Con que, si sigues mis pasos, te garantizo que alcanzarás el mismo éxito sinérgico entre las tres áreas de la vida, desapegándote de absolutamente todo y pasando a disfrutar más de la vida.

 

Ego.

¿Cuántas veces hemos reaccionado de manera inmediata y excesiva, sin pensar, al sentirnos atacados o vivir algo externo que sabíamos que estaba mal?

Cuando vives en piloto automático, podríamos decir que casi a diario porque la vida se convierte en una pelota de pinball que va de un lugar a otro, rebotando aquí y allá, sin ton ni son.

Sin propósito. Sin dirección. Sin armonía. Sin sentido. Sin norte. Sin soporte. Sin nada.

En tal contexto, vivimos queriendo ‘imponernos’ a los demás y no nos damos cuenta de que esa no es la manera. No, no se trata de quedar por encima de nadie; se trata de construirte, día a día, para trabajar tu mejora continua.

Es decir, para llegar a ser la mejor versión de ti mismo y, adivina qué.

Cuando trabajas en crear y construir, día tras día, tu mejor versión, dejas de tener tiempo para reaccionar ante estímulos externos porque lo más importante está pasando dentro de ti. En tu vida. De dentro hacia afuera.

Ya no quieres chocar más, quieres fluir y estar en armonía con el mundo.

Ahora, ese trabajo de construcción, te advierto, es la conquista más dura, difícil y exigente que existe porque requiere disciplina, constancia y diligencia.

En otras palabras: hacer lo que tienes que hacer, cuando lo tienes que hacer, tanto si tienes ganas como si no.

Cuando hablamos de trabajar o de entrenar, entra mucha pereza, pero has de vencerla.

Algo que requiere humildad y sacrificio, algo que ataca de manera frontal al ego, al «yo soy», porque le estás educando: «no, todavía se puede mejorar, y eso pasa por seguir trabajando, incluso estando en la cima».

Dejarás de ‘responder’ a estímulos externos, pasando a ‘accionar‘ cuando lo estimes oportuno.

Es decir, habrás sometido al ego desde la más absoluta humildad.

La humildad atrae; el ego separa.

En vez de sentirte superior, ponte al servicio de los demás y ayúdales.

Te garantizo que, si lo haces, ya estarás haciendo más que el 90% de la sociedad que vive anclada en los impulsos del ego.

Si cuidas y ‘proyectas amor’, recibirás exactamente lo mismo de vuelta.

 

Entorno.

¿Cuántas veces te has sentido como el patito feo, fuera de lugar?

¿Cuántas veces te han dicho lo que tienes que hacer y lo que no puedes hacer?

¿Cuántas veces has sentido la falta de personas que hablen tu mismo idioma, en armonía con lo que quieres hacer?

¿Cuántas veces has chocado en creencias con tu círculo más inmediato o te han dicho que «no hablas de lo que sabes, sino de lo que crees que sabes», incluso tras años de estudio, filtrado y trabajo duro?

Has de ser consciente de que eres la media de las cinco personas con las que más tiempo pasas; en otras palabras, tus ingresos serán la media de las cinco personas con las que más tiempo pasas.

Los entornos condicionan el cien por cien de tu vida.

Cómo y qué piensas, cómo te comportas y a qué te atreves.

Incluso peor: en cómo lo proyectas todo diciéndole a los demás cómo y qué pensar, cómo comportarse, a qué atreverse, qué puede hacerse y qué no, a dónde vas a poder llegar y a dónde no podrás.

No pararás de juzgar porque sientes que el mundo te está juzgando permanentemente.

Todo eso no es más que la proyección de lo que hay dentro de esas personas, pero no necesariamente tiene que ser lo que haya dentro de ti.

Lo más difícil es verlo porque todo se aprende instintiva y subconscientemente por imitación desde muy pequeños y, cuando ya eres adulto y vas en piloto automático, vives en la falsa ilusión de que todo en tu vida está y va bien.

Y sin que sean culpables de ello, tus padres, tus profesores, tus amigos…

¿Tenían los resultados que tú quieres conseguir?

Si la respuesta es negativa, entonces nada de lo que te han enseñado sirve para crecer y, en la mayoría de los casos, siempre ha habido un anhelo de seguir un camino diferente.

Tu propio camino.

Ahora bien.

¿Se puede ‘hackear’ el entorno? Sí.

Ahora que hemos vivido esta época de mascarillas, cógela y úsala para que entiendas el ejemplo práctico que te voy a poner.

Tira hacia arriba, con una mano, de la parte que taparía la boca y, con uno o dos dedos de la otra mano, pon y mantén sobre una mesa las dos tiras elásticas que sostendrían la mascarilla tras las orejas.

Ahora piensa que la mano que está sobre la mesa es la sociedad en la que vives y que los dedos son un ‘gancho invisible’ que te retienen hacia el rebaño para que no lo abandones.

Por mucha fuerza que hagas para salir de él, al final, acabarás cayendo de nuevo en él y te sentirás frustrado.

Ahora invierte la posición de la mascarilla; tiras elásticas hacia arriba y mascarilla hacia abajo.

Bien, vuelve a ponerlas en tensión y, ahora, imagina que la mano que tira hacia arriba de las gomas es el grupo de referencia, de emprendedores y de personas que no sólo piensa como tú sino que, además, tiene los conocimientos y las herramientas que necesitas para alcanzar tus objetivos: los mismos que ellos ya tienen.

¿Qué ocurriría si todo ese empuje lo inviertes cuando existe una fuerza que tira de ti hacia arriba?

Exacto. No solamente lo alcanzarás, sino que, incluso, es posible que saltes por encima de ellos, sin necesariamente quemarte con desorbitados esfuerzos. Al contrario, parecerá hasta fácil.

De manera que, por eso, es crucial pasar la mayor cantidad de tiempo posible atendiendo, analizando y aplicando aquellas cosas que hacen las personas que ya están en la posición que tú quieres alcanzar; acelerarán muchísimo tu progreso.

Así que rodéate, de forma consciente, de las personas que contribuyan a la conquista de tus objetivos.

 

La montaña.

Bloqueos ‘resueltos’, llegamos a la hora de enfrentar el gran desafío: escalar la montaña particular, hasta conquistar la cima que cada uno se ha marcado como norte. Cuando la sientas tuya, nada te parará.

Ahora, como sabes, tiene que emerger desde el propósito de vida, que es individual y que jamás puede ser impuesto. Requiere trabajo de escaneo interno para escucharnos y detectar qué es lo que realmente llevamos dentro.

Así que, para conectar con el propósito de vida, permítete sentir, procesar e interpretar todas las emociones que te vengan. No sigas a la sociedad actual, cuyo objetivo es no sentir nada; así jamás conectarás con tu valor ni con tu capacidad.

Requiere tiempo y es importante porque te seguro que no quieres escalar a la cima equivocada.

Si no sientes nada, otros te dirigirán y te perderás lo mejor de la vida: lo que consigues creando tu propio camino.

Mantén despierta tu conciencia, tenlo en cuenta.

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La gratitud.

¿Cuántas veces das las gracias por algo a lo largo del día?

¿Valoras y agradeces todo lo que te ha pasado, indistintamente sea bueno o malo?

¿Sientes gratitud por cosas normales y corrientes que tienes o, simplemente, por vivir?

Apuesto que no. Nos dejamos llevar por la inercia del día a día, pasando de puntillas por la vida.

Te han colocado una venda emocional en los ojos y ni siquiera te has dado cuenta.

La sociedad nos programa desde pequeños con, mucha sutileza, para estar permanentemente en el rol de víctima, en modo queja, o en modo acusador; de vez en cuando pasamos al rol del salvador, pero tampoco es sano.

Todo tiene que ver con la carencia, que es el resultado de la falta de propósito, que a su vez se da por estar desconectados de nosotros mismos y de nuestras capacidades.

Ahora bien, cuando te haces responsable al 100%, trabajas en poner orden en tu vida, lo que requiere tomar conciencia de todo lo que te ha pasado hasta entonces. De qué camino llevas y hacia dónde te estás dirigiendo.

Cuando pasas de vivir en piloto automático a vivir de forma consciente, en numerosas ocasiones, chocas con tu propia realidad que, habitualmente, nos aturde y la rechazamos.

Ahora, ese primer impacto ejerce de umbral y es necesario para el despertar de la conciencia; que nos demos cuenta de que otra forma de vivir es posible, que podemos abrazarla y, entonces, transformarnos.

Por ello es esencial valorar lo que tienes y lo que te sucede. El umbral del que te hablo es el empuje necesario para seguir. Cruzas el umbral, tu mente hace clic y empiezas a trabajar en ti.

Ahí se desactiva el modo automático y activas el modo consciente, que te conduce a tomar acción creando tu proyecto.

Entonces emerge una gratitud infinita hacia todo y hacia nada en particular, que nos permite entender todo lo que hemos pasado, que eran tan necesario como clave para llevarnos a cambiar y entender cómo aprovecharlo a nuestro favor.

En mi caso, ese umbral, se produjo en mi área afectiva tras dos rupturas.

Todo cobró sentido y me puse a trabajar, abandonando el piloto automático, mis miedos, mis inseguridades y toda clase de creencias limitantes que me impedían avanzar.

Rompí mis patrones de conducta y, tras meses de trabajo, comencé a sentirme agradecido y conecté con la mejora continua.

Cada umbral será diferente; lo que es seguro es su efecto: transformación.

Si quieres saber más de mi historia, puedes leerla aquí.

Sigue mis pasos, te ocurrirá exactamente lo mismo.

Es lo mejor que he hecho en toda mi vida.

 

El propósito.

¿Cuántas veces has sentido que ibas sin norte, sin rumbo, que has perdido tu brújula vital?

¿Cuántas veces has sentido que estabas en un trabajo que no te llenaba o que, simplemente, estabas haciendo algo que no querías hacer porque algo te decía que ese no era el camino?

No tener claro qué quieres hacer con tu vida es un síntoma claro de falta de propósito, con que…

¿Cómo puedes encontrar tu propósito?

Necesitas hacer introspección, un escaneo de todo lo que llevas dentro y existen herramientas para ello.

En mi caso hubo tres, especialmente, que me permitieron ver mi camino con claridad: el eneagrama, el Process Communication Model y el Ikigai -lo explico en el mentoring-, en ese orden.

Al usarlas, me di cuenta de que todo tenía sentido: soy un eneatipo tres, un promotor en fase empática (PCM) apasionado del marketing y el desarrollo personal, cuyo objetivo es trabajar su mejora continua.

Vi claro que para satisfacer todo lo que sentía, tenía que crear mi propio mentoring, y aquí me tienes: pudiendo ofrecer al mundo el mismo proceso de transformación que me he aplicado a mí.

¿Cómo sabrás cuál es tu camino?

Conforme vayas trabajando con las herramientas que te he indicado, date cuenta de qué resuena contigo.

Habrá un punto en el que todo se alinee, señalando en una dirección clara.

De ahí que hagas el Ikigai al final; el eneagrama y el PCM te darán en primer lugar más información, que dará congruencia a lo que emerja después con la herramienta de ascendencia japonesa.

Ahora, lo que salga de ello, debes conectarlo con:

– Tu misión, el trabajo que escoges para tu día a día.

– Tu visión, los objetivos que quieres alcanzar a medio/largo plazo.

– Tu propósito, un objetivo en el horizonte tan descomunalmente grande que te trasciende a ti, a tu vida y, probablemente, también a tu propio equipo; es algo que sabes que no podrás lograr solo.

El propósito suele detectar y confrontar algún problema social relevante, de tal forma que, al hacer camino, genere conciencia conforme va conquistando sus objetivos a corto, medio y largo plazo.

En el instante en el que definas un propósito con el que conectes, ponerte a trabajar en él, día tras día, nacerá por sí solo de ti. Te impulsará a avanzar en la dirección que quieres de manera natural y vivirás de manera mucho más consciente.

 

El reto.

La conexión con tu propósito, instantáneamente, hará que sientas y sepas el modelo de proyecto exacto que quieres crear, y ahí emergerá el gran desafío, que tiene la capacidad de transformar tu vida para siempre.

Como te decía en el apartado anterior, sabrás que la conexión con el propósito es auténtica y válida cuando te des cuenta de que te pones a trabajar en ello, un día tras otro, sin que te suponga esfuerzo.

De hecho, te sentirás en paz y te cargará de energía al desarrollar lo que de verdad has venido a hacer.

Huelga decir que, aceptar el reto, TU RETO, requiere dejar de señalar a otros y asumir el 100% de tu responsabilidad. Siento ser así de claro y contundente, pero en la creación de proyectos no hay excusas que valgan.

Si alguien te facilita información, herramientas y respaldo para la resolución de bloqueos, no significa que también tenga que trabajar por ti.

Pablo Domínguez: 'El mayor conquistador es aquel que se vence a sí mismo'. Clic para tuitear

 

Recuérdalo.

 

La entrega.

Ahora permíteme ponerme serio, porque conectamos con un punto clave que sólo se puede trabajar a partir de la voluntad y el amor propio. Es lo más difícil de hacer, porque requiere conocerse bien a uno mismo para mantener la disciplina.

¿Te has puesto metas y retos muy grandes? Genial.

Ahora, déjame recordarte la verdadera cara del éxito:

Crear el proyecto de tu vida requiere entregarse a tu sueño, a «la visión que sólo tú ves».

Dejas de salir, de disfrutar del ocio, de entretenerte con series o películas, de ir de cañas con los amigos, de pasar tiempo en familia, de ver a tu pareja o, en definitiva, de vivir durante un tiempo la cara amable de la vida para pasar a invertir tiempo, dinero y esfuerzo en ti.

Mientras otros salen, tú trabajas.

Mientras otros se divierten, tú trabajas.

Mientras otros duermen, tú trabajas.

Y no, no se trata de sacrificarte; esto va de entregarte a tu sueño.

Esa energía te permitirá hacer lo que nadie quiere hacer, para después disfrutar de lo que nadie puede vivir.

Es la realidad de lo que supone ‘pagar el precio’.

Así que, de nuevo, permíteme que insista.

¿Cuáles son tus objetivos? ¿Estás en disposición de entregarte para pagar el precio que implica alcanzarlos?

Es un camino de despedidas. Perderás a mucha gente que se quedará en el camino. De hecho, te van a decepcionar. Verás cuántas personas ‘te querían’ por puro interés, pero te tiene que dar igual.

Esto no va de ellos, va de ti.

De tu éxito.

De tu prosperidad.

De tu evolución.

De tu crecimiento.

De tu salud.

De tu libertad.

De tu vida.

Tienes que prepararte psicológicamente y tener cristalino que tú, que tus objetivos y que tu vida están por encima de absolutamente cualquier cosa.

Nada de lo de ahí fuera importa más que tú, no permitas que nadie te diga lo contrario.

Ahora, has de trabajar para conseguir lo que quieres.

Y cuando lo consigas, te atacarán de mil formas, etiquetándote de ‘vendehúmos’, entre otras cosas.

Todos te quieren ver ganar, hasta que ganas.

La pregunta es…

¿Vas a entregarte a tu visión para lograr lo que realmente quieres?

Ya sabes a lo que te enfrentas.

No eres tú contra el mundo, eres tú entregándote a ti.

 

La confianza.

¿Cuándo fue la última vez que dejaste de confiar en ti?

¿Cuándo fue la última vez que te pusiste nervioso o te sentiste incapaz de hacer algo?

¿Cuántas veces te ha pasado en el último año?

Es posible que las respuestas a estas preguntas no sean de tu agrado.

¿Sabes por qué?

Porque estás dejando de hacer aquello que te haría confiar en ti: trabajar en ti y en tu proyecto; en quien realmente quieres llegar a convertirte, porque incide directamente sobre tu autoconcepto.

Esto construye tu autoimagen en tu subconsciente, que es el que controla lo que sientes en cada momento.

Si a diario le estás diciendo que eres mejor, trabajando y construyendo, te convertirás en una persona más activa y menos reactiva ante situaciones complicadas o no deseadas.

Además de hacerte confiar más en ti forjará un importante sentido de resiliencia; te respetarás y querrás más por el simple hecho de ir, con determinación inquebrantable, a por lo que quieres.

Cuando vas a por lo que quieres, no tienes tiempo para prestarle atención al mundo de ahí fuera porque lo más importante pasa a ser, siempre, lo más importante: tú, trabajando en tu mejora continua personal y profesional.

¿Por qué ser direccional hace que confíes más en ti?

Porque tu palabra será ley: llevarás siempre a término lo que has dicho que ibas a hacer.

Te respetarás y se proyectará al exterior.

 

La congruencia.

¿Cuántas veces has hecho algo que no querías hacer?

¿Y cuántas has hecho lo que de verdad deseabas?

Ser congruente en nuestra vida es tan sencillo como dedicarnos a aquello que nos apasiona hacer, de manera que podamos vivir de ello, porque alinea todo lo que somos a nivel personal y profesional.

Son los cimientos básicos para poder trabajar nuestra mejora continua y yo te puedo ayudar.

Te han vendido que tienes que estudiar esto o lo otro ‘porque tiene muchas salidas’, cuando la realidad es que la verdadera salida que te va a permitir ser esencialmente tú mismo, es crear tu propio proyecto.

Cuando te dedicas a lo que te gusta, dejas de sentir que trabajas para pasar a un estado de ‘flow’ perpetuo. Te dedicas a ayudar y a aportar valor de manera consciente y además te pagan por ello cuando aplicas procesos de venta.

Y si sientes que te falta formación para lo que quieres hacer, fórmate.

Invierte 2-3 años en prepararte a fondo para luego salir al mundo posicionándote como alguien que sabe de lo que habla porque empieza por aplicar lo que dice.

En suma, se trata de alinear toda tu vida en una dirección y, a partir de ahí, fluir con ello.

Si no fluye, no es congruente, ergo no es por ahí.

Si lo hace, ya estás.

 

El proceso.

¿A ti también te han enseñado a querer las cosas para ayer?

¿Te frustra ponerte a trabajar en algo, sabiendo que tienes que trabajar muy a largo plazo para ver resultados?

Bien, déjame hacerte otra pregunta más.

¿Sientes envidia cuando ves que otros crean grandes proyectos que facturan grandes cifras?

Si es así, déjame decirte dos cosas: la primera es que los grandes proyectos requieren grandes periodos de gestación y la segunda es que tienes que aprender a construir pensando en el largo plazo.

La cultura de la inmediatez mata los sueños de mucha gente porque son incapaces de ver el camino: solo ven su posición y el éxito de los demás, sin darse cuenta de que hay un sendero que se puede recorrer hasta esa cima.

Entiendo a quienes desean tener un sueldo estable, también fue mi objetivo un día. La paradoja es que no lo conseguí por más que lo intenté y eso, al final, me llevó a montar este proyecto por mi cuenta.

Ahora disfruto con él lo indecible, pero no fue de la noche a la mañana.

Llevó muchos meses de trabajo, un proceso que comenzó de la nada, pero que finalmente emergió en todo el valor, tanto gratuito como de pago, que hoy tienes ante ti.

Tú también puedes hacerlo, tan solo has de interiorizar que es un camino largo y empezar a dar pasos, todos los días.

El mejor consejo que te puedo dar es el que transformó mi vida:

Pablo Domínguez: 'No tengas prisa por avanzar pero nunca dejes de hacerlo'. Clic para tuitear

 

El compromiso.

¿Cuántas veces te has dicho «voy a conseguir esto» y al final se ha quedado en una simple intención?

¿Te llegaste a comprometer de verdad con eso, o contigo mismo?

Lo cierto es que la única manera de conseguir algo grande, grande de verdad, es comprometerte con alguien y trabajar en paralelo, fijando plazos para concluir tareas e ir, poco a poco, progresando.

Esto ya lo sabes de los dos posts anteriores de esta triada de desarrollo personal, con que, la pregunta es…

¿Cómo encontrar a la persona correcta para comprometerte con ella y empezar a avanzar?

Lo cierto es que vas a tener que moverte en entornos concretos, de ese nicho, de acuerdo a los objetivos que quieras conquistar.

En mi caso, como ya te conté en ‘mi camino hacia la cima‘, encontré una amiga, en mis inicios, en un programa de emprendimiento de la Cámara de Comercio.

Tuvimos puntos afines y nos pusimos a ‘trabajar como mulas’.

Avanzamos y fuimos consiguiendo pequeños objetivos, en el camino de cada uno, hasta completar cada camino.

Con que, busca en esos espacios donde puedas encontrar gente con tus mismas inquietudes que permita la generación de esos puntos de anclaje cognitivos.

Es el ‘hack’ más sólido que he implementado.

 

Ahora te toca jugar a ti.

¿Qué te parece si ahora construimos, simbólicamente, tu montaña?

Te presento un puzzle Tangram, con una serie de piezas separadas, con las que podrás construir tu montaña. Tan solo has de ordenarlas.

Puzzle Tangram

 

Haz clic en este enlace para descargar, imprimir el PDF y recortar las piezas con las que trabajarás.

Como verás, te las doy en blanco porque quiero que recuerdes el orden de construcción de la montaña que te expliqué en el post de la mejora continua.

En base a este, escribe el nombre, uno por uno, de los siete conceptos en cada una de las siete piezas y, luego, ordénalos en forma de pirámide para construir la montaña.

Puede parecer una tontería pero, colocar las piezas en su lugar correcto, es un ejercicio de conciencia sobre las cosas que necesitas aplicar para poner orden en tu vida, de forma que comiences a progresar en tu dirección deseada.

A veces es necesario ver las cosas primero para poder trabajar sobre ellas después.

Solo existe una combinación para crear la montaña en la secuencia correcta. Te dejo aquí la solución pero antes de verla piensa e inténtalo tú primero. ¿No te parece?

Si te gusta tangram, ya sabes que puedes entretenerte creando otras muchas figuras.

¡Échale imaginación!

 

Escritura transformacional.

Para concluir, te invito a replicar un ejercicio triple que, de la mano del compromiso con Elo, me hizo progresar mucho más rápido al actuar, también, como anclaje cognitivo y disparador de acción.

1. Redactar a diario tus objetivos, al final del día, con lo que harás el día siguiente.

2. Redactar tu carta de intención, de objetivos a conquistar, a un año vista, como si ya lo hubieras logrado, agradeciéndote el trabajo realizado.

3. Hacer, e ir actualizando, tu listado de tareas, con las cosas que tienes que ir haciendo para llegar a ese objetivo, y empezar a tomar acción de manera inmediata para empezar a recorrer ese camino.

Un deseo no cambia nada, una decisión lo cambia todo.

Decide empezar a tomar acción y, poco a poco, las cosas irán cambiando.

Te lo aseguro.

Es todo por hoy.

¡Espero haberte sido útil!

¿Quieres más? Te veo en el mentoring.

Mientras tanto, ¡te espero en el siguiente post!

Os veo dentro, un fuerte abrazo, creadores.

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