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Trilogía de posts de desarrollo personal.

     1. Mi camino hacia la cima.
     2. El viaje de la mejora continua.
     3. Claves para tu camino.


POST Nº1 – Mi historia.

💥 B O O M 💥

Todo gran proyecto emerge de una gran crisis.

¿Te lo habías planteado?

Lo cierto es que yo tardé 30 años en darme cuenta de ello porque, para empezar, ni siquiera era consciente de que de verdad tenía un problema: haberme dejado arrastrar por la dinámica de vivir en modo automático.

Si no te construyes como quieres, olvidarás lo más importante: tu propia esencia, en lo personal y lo profesional.

Contentar a los demás es la mejor manera de perderse a uno mismo.

Pablo Domínguez: '¿Cómo te gustaría llegar al final de tu vida? ¿Sintiendo la satisfacción de haber logrado todo lo que te propusiste o con el arrepentimiento de no haber luchado por ello?'. Clic para tuitear

 

Jamás renuncies a construir la vida que quieres.

Imagínate. Mi conciencia tardó en despertar por permitir sufrimiento y dramas innecesarios. Eres lo que permites.

Así que, de forma clara y sintetizada, te contaré el proceso completo: cuáles fueron los problemas que atravesé, cómo desperté y cómo me puse a trabajar en la solución.

Antes de empezar: agradece todos los problemas que tienes y has tenido porque, gracias a ellos, te convertirás en la persona resiliente, fuerte y desarrollada personal y profesionalmente que puedes llegar a ser.

Trabajar en la raíz de los problemas es la clave para su solución.

Así que, ahora sí, comencemos.

 

El problema.

13 años de bullying.

Durante esos años no pude hacer una gestión emocional correcta. De modo que, lo que debería haber subsanado como adulto -y no pude como niño- tendría que haber supuesto un logro, pero me faltó la información necesaria.

Debido a la necesidad de aceptación y el pánico que sentía a que me volvieran a hacer daño, mi mente creó un personaje, una máscara, que fingía ser lo que no era.

Como es lógico, perdía todo lo que atraía y, al darme cuenta, me deshice de esa máscara.

Gestionar procesos vitales tan complejos no es fácil, por lo que mi trabajo emocional durante toda mi vida adulta se ha centrado en encontrar y aplicar esa información de la que carecía.

Entonces empezaron a aparecer contextos y oportunidades sobre las que empezar a encontrarme, a construirme de acuerdo a lo que sentía que conectaba conmigo: la comunicación.

En 2011 trabaje como community manager en el club de fútbol sala más representativo de la provincia de Granada.

Aquello no tuvo los cimientos necesarios para sostenerse tras un ascenso a Primera División y desapareció… lo que me llevó a empezar de nuevo, desde abajo, con mi primera pasión: el periodismo deportivo.

Durante esta nueva etapa, mi trabajo en un nuevo club permitió que aquel pequeño proyecto se consagrara entre las tres principales entidades deportivas de la provincia.

Pese a todo, no dejó de ser un hobbie del que no se podía vivir.

Centrado en hacer prosperar cosas externas a mí, perdí el foco de lo que verdaderamente importaba: trabajar en ese desarrollo del que te habla antes. La falta de conciencia me impidió centrarme en las tres principales áreas de la vida:

– Laboral: mi pasión por el club me permitió trabajarme como comunicador y hacer crecer mediáticamente a la entidad, sí, pero perdí mi foco laboral, el que conecta con la vida que quiero.

– Afectiva: sentía que no tenía valor como persona, que no tenía nada que aportar, y así era porque estaba construyendo fuera de mí. Para otros, no para mí. Como consecuencia nunca me sentía suficiente en ninguna relación.

– Biológica: me descuidé por completo, tanto física como anímicamente. No comía bien, no hacía deporte… y eso derivó en una ansiedad recurrente, falta de motivación y cansancio extremo.

Como ves, estas tres áreas están íntimamente interconectadas y generan, tanto para bien como para mal, transferencia de resultados, potenciándote o lastrándote.

En resumen, me faltó la disciplina que forjé años después.

 

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El despertar.

El origen de todo gran proyecto, sea personal o profesional, son los puntos de inflexión: momentos que ejercen de umbral, de despertar de la conciencia, y que suelen estar ligados a situaciones en los que nos hartamos de estar hartos.

En mi caso tuvo que ver con mi área afectiva, dos rupturas ejercieron como umbral; me enfrentaron a mí mismo. Me hicieron ver mis carencias, mis verdaderos problemas y, en suma, me orientaron hacia las soluciones para sanarlo todo.

De alguna forma dispararon esa señal de alarma que me hizo entender que me dirigía hacia una vida que no quería y, entonces, llegó el ‘volantazo’ en forma de reacción consciente.

Me puse a trabajar en mí mismo. Empecé a escucharme y, aún más importante, a hacerme preguntas.

¿Qué se me daba bien? ¿Cuáles eran mis capacidades? ¿Cuáles eran mis características? ¿Qué era lo que de verdad quería hacer con mi vida? ¿Cuál era mi propósito?

Poco a poco fue emergiendo la respuesta: trabajar mi desarrollo integral.

Momento a partir del cual cambió absolutamente todo y la vida empezó a darme las herramientas necesarias, y a poner en mi camino a las personas correctas, para construir el proyecto que ahora tienes delante.

 

La conciencia.

Lo cierto es que no fue nada fácil, porque crear algo de estas características requiere de una profunda introspección.

Se trata de escucharnos, analizarnos, ver en qué tenemos talento y ponernos a trabajar sobre él para poder vivir de aquello en lo que somos buenos, sin dejarnos arrastrar por un mundo frenético que nos aleja de nuestros propios objetivos.

Ese es el verdadero flujo natural de la vida, no aquel en el que hemos permitido que la sociedad nos sumerja.

Así que no pierdas tu norte.

Pablo Domínguez: 'Cuando conectas con lo que llevas dentro, todo comienza a emanar de forma fluida y natural, al igual que lo hace el agua en el nacimiento de un río'. Clic para tuitear

 

Fluye.

Todo lo que necesitamos para dirigir nuestra vida lo llevamos dentro, pero nos han desconectado de nuestras verdaderas capacidades, una vez más, poniendo el foco en lo externo en vez de en lo interno.

La introspección de la que hablo me permitió contestar a todas esas preguntas.

Ahora sé qué se me da bien, cuáles son mis capacidades, cuáles son mis habilidades, qué es lo que de verdad quiero hacer con mi vida y cuál es mi propósito:

Ayudar a construir proyectos digitales gracias a la transformación holística que emerge del desarrollo personal. Camino que he recorrido personalmente y que, ahora, podemos replicar juntos, paso a paso. 

Entender que mi talento era, precisamente, comprender y simplificar los complejos procesos que operan en el marketing digital y, cómo a su vez los conecto con los de la vida misma al explicarlo todo, me hizo saber con precisión absoluta, a finales del verano de 2020, que este era el modelo de proyecto que quería.

 

El desafío.

Pero todo tiene un precio, no solo a nivel económico, sino aún más en términos de:

DETERMINACIÓN
SACRIFICIO

ESFUERZO
CONSTANCIA
DEDICACIÓN

Días, noches, estudio, pruebas, errores, implementación, cambios, mejora, constancia, volver atrás, reconstruir, entrenamiento, comida saludable, paciencia, disciplina… en suma, recorrer un camino que te reta constantemente, porque:

¿Cuántas personas están dispuestas a retarse a sí mismas?

¿A sacrificar lo necesario por conseguir la vida que quieren?

¿A crear el proyecto de su vida?

Pablo Domínguez: 'Una vez tomas conciencia de las capacidades que tienes y sabes el camino que quieres recorrer, cruzas el umbral del 'no retorno''. Clic para tuitear

 

Y ahí es cuando te transformas.

Pasaron años hasta que comprendí que debía tomar otra dirección, con todo lo que ello conlleva, hasta que acepté el reto que me llevó a trazar mi propio camino.

Las proporciones del reto han sido las de crear en años algo que, normalmente, crearía un equipo de varias personas en unos meses.

Y entonces ocurrió algo que me catapultó y me dio el punto de anclaje cognitivo que me faltaba.

Apareció una persona con la que creé una sinergia maravillosa que, aún día a día, nos sigue haciendo mejorar. Generamos un compromiso profesional total, el uno con el otro, para lograr nuestros objetivos.

Porque, como te decía antes, cuando tomas la decisión de ir a por un objetivo con determinación, la vida, de una manera muy peculiar, empieza a proveerte de todas las personas y herramientas que necesitas para recorrer ese camino.

Tuve la fortuna de conocer y trabajar con una amiga, una mente increíble.

El caso es que ella, tras horas conversando y a partir de mis ideas, me regaló una representación gráfica de ‘la montaña de la vida‘, pero esto será algo que podrás ver en el post de «El viaje de la mejora continua«.

Antes, en el presente post, te contaré cómo trabajé sus conceptos, el proceso paso a paso para convertirme en lo que soy a día de hoy.

 

Mi montaña.

El reto de transformarme en estratega de negocios digitales comenzó a rondarme la cabeza al comienzo de 2019, al empezar a darme cuenta de que algo estaba fallando en mi vida.

Montañas que representan los desafíos de la vida

Así que me puse a estudiar y a trabajar, sin prisa pero sin pausa, para ir montando todo el contenido de la web, según lo iba validando, para ti, que ahora me estás leyendo.

Hoy puedo decir que nunca me he enfrentado a nada tan descomunalmente grande, habiéndolo llevado a término y saliendo al mercado con él.

Ahora, ese proceso, esa escalada, no ha sido nada fácil porque me he tenido que enfrentar «a mis fantasmas», para poder avanzar hacia la vida que yo quería construir.

Con que voy a contarte cómo fui ordenando mi mente y trabajando en mi desarrollo personal.

 

Comenzar a sentirme agradecido.

No sé cómo, pero instintivamente conecté con la gratitud hacia todos los problemas que he tenido en mi camino. Me di cuenta de que al afrontar la situación, trabajando de manera consciente en solucionarla, lograría salir reforzado.

Automáticamente puse el foco en el proyecto.

De hecho, la respuesta ante cualquier contratiempo que surgía siempre era la misma: seguir avanzando con el proyecto, poco a poco, haciendo las cosas bien para ofrecer contenido de calidad.

El caso es que, conforme más he ido progresando, más agradecido he estado de todo lo que he vivido, tanto lo bueno como lo malo, porque todo ello es lo que me ha traído hasta la creación de mi marca personal.

Lejos de ‘vendettas’ que no conducirían a nada, quiero lo mejor para todas y cada una de las personas que han pasado por mi vida, que consigan todo lo que se propongan, porque, gracias al efecto que han tenido, he podido crear el proyecto de mi vida.

Ahora entiendo que, lo que piensas y proyectas, se multiplica en tu vida e influye directamente en tu conducta.

 

Encontré mi propósito.

Ir en piloto automático me llevó a no tener ni idea de lo que de verdad quería hacer con mi vida.

Hasta entonces siempre hice lo que supuestamente ‘tenía que hacer’, según la sociedad.

Tuve esa primera vocación juvenil, más enérgica y entusiasta, de ser periodista deportivo pero, ante la hostilidad y la precariedad laboral del sector, me di cuenta de que no me llevaría a la vida que quería.

Me tocaba reinventarme.

Entonces, fue emergiendo, poco a poco, una segunda vocación, más madura y meditada, de hacer marketing. No obstante, había que canalizar esa vocación en una dirección clara, lo que requería un propósito.

En mí latían dos vertientes cuya sinergia sabía que podía hacerme diferente, trabajar el marketing digital desde una perspectiva del desarrollo personal, lo que terminó por definir mi propósito:

Ayudar a construir proyectos digitales gracias a la transformación holística que emerge del desarrollo personal.

Lo tuve claro.

Pagué el precio estudiando y aplicando, para, primero, crear este proyecto y, después, hacer lo propio con los demás.

Me apasiona ver a una persona explotar todas sus capacidades, tomando acción, haciendo y disfrutando aquello para lo que tiene ese talento innato, ayudando a los demás a seguir su camino.

Nunca dejaré de aprender y formarme para seguir mejorando.

 

Apareció mi gran reto.

Claro, una vez el propósito estuvo definido, se manifestó el desafío de crear este proyecto, tal cual, en modo y forma.

Lo curioso es que, pese a que en un principio podría ‘haberme asustado’ el estar ante una idea de gran envergadura, de alguna manera, yo sabía que para recorrer un camino tan largo solo necesitaba una cosa: paciencia.

Así que me limité a ir paso a paso, saliendo cada vez un poquito más allá de mi zona de confort.

Dicen que lo que no te reta no te cambia; lo corroboro.

Si quieres crecer y ser mejor, has de encontrar ese gran desafío, ese reto tan mayúsculo que te obligue a ponerte en acción desde ya.

Si estás aquí, leyéndome, significa que no eres una persona conformista.

De hecho, probablemente también tengas claro que vas a necesitar compañía, ayuda, para alcanzar esa cima.

Tú quieres llegar a ser todo lo que puedes ser y, eso, requiere diligencia.

Lo peor que puede pasarte en la vida es arrepentirte de todo aquello que no hiciste, de todo aquello que no intentaste, de los ‘te quiero’ o ‘te amo’ que no dijiste… en suma, lo peor es llegar a pensar:

«¿Y si hubiera…?».

Así que me siento agradecido por tener mi conciencia tranquila; sé que siempre he querido dar lo mejor de mí mismo.

Pese a mis errores, porque también soy humano e imperfecto, lo he intentado todo hasta la fecha, he intentado cuidar a cada persona que he amado, aunque se marchara, y me he vaciado en cada proyecto por el que he pasado.

Sé que nunca me dejé nada en el tintero.

Y es justo lo que voy a seguir haciendo.

Hasta el final.

Pablo Domínguez: 'Crear un proyecto de grandes dimensiones hará que lo des todo, en lo personal y en lo profesional, por la ley de transferencia de resultados, al adoptar la conducta de ir con todo y a por todo'. Clic para tuitear

 

Tuve que entregarme a mi sueño.

Sí, no te voy a mentir, crear algo así requiere centrarse; has de salir menos para hacer más.

Hombre 'encerrado' en una biblioteca, estudiando, preparándose y trabajando para lo que desea conseguir

Tuve que priorizar mi desarrollo profesional dedicarme más tiempo a mí, a mi futuro, haciendo a un lado prácticamente toda mi vida social durante muchos meses, como si de un ‘modo oposición’ se tratara.

Había interiorizado que era necesario, el precio que tenía que pagar para llegar donde quería por amor propio.

No obstante, las buenas y verdaderas amistades siempre están ahí, sumando y aportando.

Personas íntegras de gran valor. Cuando haces un ‘retiro’, te das cuenta de quiénes merecen un lugar en tu vida.

Aparqué ocio, diversión y entretenimiento y me puse a trabajar, con paciencia y determinación, para convertirme en la persona que quería ser y acceder a la vida de verdad deseaba construir.

Por descontado, el camino del guerrero no es para cualquiera.

Lo pasé mal. Sufrí, lloré en más de una ocasión, quise abandonar, tuve que pedir ayuda varias veces, pero siempre tuve claro que iba a seguir adelante.

Acepté pagar el precio, por duro y exigente que fuera, para llegar hasta aquí.

Trabajo, entrega y humildad.

 

Logré confiar en mí mismo.

Por la ley de transferencia de resultados, la disciplina en el trabajo que fui realizando incidió directamente sobre mi mente subconsciente, reforzando mi autoconcepto y haciéndome sentir mejor conmigo mismo. Más valioso.

Algo que, automáticamente, me hizo disfrutar más del proceso, estando más presente durante el recorrido, y a la vez tratar cada vez mejor a mi círculo más cercano, siendo más ‘juguetón’, con más ganas de bromear.

La falta de confianza en mí mismo, de alguna manera, me había tenido atenazado, ‘serio’ y a la defensiva permanentemente. Como si el mundo que me rodeaba fuera hostil. Esa no es forma de vivir.

Ahí me solté y empecé a ‘fluir’ con todo.

Instantáneamente todo comenzó a mejorar; consecuencia de mi nuevo estado.

Cuando tú cambias, todo cambia.

Cuando persigues tus metas, trabajas tu mejora continua biológica, afectiva y laboral, te respetas más, lo que automáticamente hace que los demás te respeten y valoren más.

Todo nace de dentro hacia fuera.

 

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Trabajé desde la congruencia.

Cuando todo fluye así, de dentro hacia fuera, el estado energético en el que te encuentras es de ofrecer lo que tienes, que es la forma correcta de hacer las cosas porque da congruencia a quién eres y a lo que haces.

En mi caso, haber hecho el ejercicio de alinear todo lo que soy, conocimientos, talentos, habilidades, formaciones y destrezas en una sola dirección, congruente con la historia de mi vida, me transformó por completo.

Interactuaba con los demás desde otro punto mucho más fluido, con mucho que aportar y mayor precisión, partiendo del principio de la escucha activa.

Me hizo ser mucho más direccional en todos los aspectos, avanzando sin cesar en todas las áreas, al haber establecido un nuevo orden de prioridades basado en lo más importante: mi crecimiento integral, para después ayudar a los demás.

No puedes dar lo que no tienes.

Comprobé que cuando todo se alinea y nace desde dentro, fluye y las cosas dejan de resultar forzadas, a nivel de amistades, pareja y trabajo, porque proyectas tu valor sólido sin necesitar nada a cambio.

Ahí interioricé que la congruencia emerge del amor propio: trabajarte a diario en la dirección que quieres para convertirte en la persona que quieres llegar a ser; una carrera de fondo que muy pocos se atreven a recorrer.

La congruencia es autenticidad e implica disrupción.

Asusta abandonar el rebaño por la cantidad de inseguridades, ficticias, que la sociedad nos ha creado…

Pero es necesario hacerlo para crecer como los árboles, en todas direcciones.

 

Sabía que el proceso sería largo.

Tras tanto tiempo trabajando en mí mismo, y el que me queda durante el resto de mi vida, puedo garantizarte una cosa:

Cambiar tiene un precio y, no cambiar, también.

Lo que ocurre es que, los procesos de cambio, son eso: procesos; no se dan de la noche a la mañana.

Puede que te preguntes, ¿por qué empecé el mío?

Bueno, digamos que me harté de estar harto, de repetir constantemente el mismo bucle: mismas situaciones, mismos contextos, mismos resultados, aunque fueran en diferentes momentos de la vida y con diferentes caras.

Así que te haré una confesión: a mí también me gustan las series y las películas. Soy humano, sí, y también tengo mi ‘cuota de ocio liviano’. Me gustan las historias porque se puede aprender mucho de ellas.

El caso es que hay una serie en particular que viene como anillo al dedo para ilustrar esto: Lucifer. Plantea una curiosa e innovadora concepción del infierno con un acertado paralelismo con la vida real: un bucle.

En este caso, el bucle repite una situación, o serie de situaciones, donde una persona, su alma, no ha sido capaz de superar la culpa que siente, repitiéndola una y otra vez.

Ahora, el matiz más trascendente, es que la persona puede abandonar el infierno cuando quiera, con solo afrontar la culpabilidad, que en realidad es aprendida, para resolverla e ir al cielo.

¿Te suena?

Siempre te he dicho que el problema es la solución que te transformará y te liberará, lo que requiere afrontar las cosas con responsabilidad, determinación y diligencia. Es decir, estar dispuesto a hacer lo que sea necesario para cambiar y mejorar.

Ahora, requiere pasar por un proceso, a fuego lento, para cambiar la raíz que abocó a la realidad que no deseas.

Es exactamente lo que hice, estudiando y recopilando la información necesaria durante cerca de un año, para después, pasar a aplicarla, trabajando en mi ‘retiro’, durante meses. Peldaño a peldaño.

Así logré abandonar mi ‘infierno’ particular.

Pablo Domínguez: 'En la vida no hay otro secreto que el trabajo consciente e inteligente'. Clic para tuitear

 

Comprometerme con alguien ordenó mi vida.

En todo este proceso, me di cuenta de lo peculiar y caprichosa que es la mente humana, seguramente porque a diario nos envían mil mensajes subliminales de que lo que importa ‘está fuera de nosotros’.

Por eso rendimos tan bien con contratos pero nos cuesta tanto trabajar para nosotros mismos.

Comprendí que la mente es perezosa, así que busqué un punto de anclaje cognitivo a mi toma de acción, comprometiéndome con una gran amiga, fijando plazos para que, cada uno con sus cosas, avanzáramos en nuestras respectivas tareas.

Lo sorprendente de esto es que, cada vez que fijábamos una fecha a un mes vista, siempre concluíamos antes, cada uno, con aquello que nos habíamos marcado cumplir.

De paso, trabajar en mí, en mi proyecto, estaba poniendo orden en mi vida, lo que te aseguro que es el ejercicio más duro y complicado para cualquiera, si se pretende hacer bien, por la organización, la disciplina y la constancia que precisa.

Así que si quieres conseguir algo verdaderamente grande y desafiante, vas a tener que comprometerte con alguien externo para poder cumplirlo.

 

Mis bloqueos.

Descubrí que vivía con infinidad de creencias limitantes.

Para mi sorpresa, cuando quise avanzar en una dirección clara, empecé a darme cuenta de que no iba a ser tan fácil, sobre todo porque tenía un montón de bloqueos y falsas creencias que me impedían hacer lo que quería.

Brazo rompiendo las cadenas, que representan los bloqueos, que le atenazaban

Imagínate, era como querer avanzar en la escalada de una montaña con grilletes y cargando con una pesada mochila a la espalda.

Así todo es mucho más complicado.

El caso es que ya había empezado a tomar acción, de la misma manera que era consciente de qué bloqueos sentía, en cada momento, para saber canalizar esas sensaciones y emociones cuando, mi amiga, decidió plasmar todos estos conceptos en la ilustración que preside el post de «El viaje de la mejora continua«.

Por increíble que parezca, haber tenido delante esta herramienta me permitió ver qué me estaba ocurriendo en cada momento, lo que a su vez hizo cada problema se diluyera, al ser capaz de identificar cada solución.

El primer paso para solucionar algo es detectar que hay un problema y, luego, reconocer cuál es con exactitud para, a continuación, aplicar la solución correcta.

Así logré liberarme de mis creencias limitantes y sentir que tengo el poder de crear y construir lo que quiera porque ya lo he hecho con este proyecto, siendo lo más grande a lo que me he enfrentado jamás.

 

Me costó mucho trabajar mi gestión emocional.

Lógicamente, crear algo de estas características requiere un trabajo importante a la hora de gestionar emociones.

Lo difícil no es empezar, lo difícil es llegar hasta el final.

En el camino tuve innumerables momentos de estar muy quemado (burnout) porque, durante unos meses, apenas me permitía descansar cada día. Más tarde entendí que me tenía que dar mis tiempos, el descanso es necesario para rendir.

Por suerte, no he llegado a querer abandonar, aunque admito que lo pensé, al no terminar de ver nunca la luz al final del túnel.

Mi anclaje para avanzar fue, sobre todo, darme cuenta de que me podía construir literalmente como deseara hacerlo.

Mejorar requiere estrategia y acción, siendo muy paciente.

A veces lo más difícil en la creación y gestión de proyectos es interiorizar que, en realidad, es un proceso que funciona como la semilla que se transforma en árbol. Puede llevar años, por mucho que queramos las cosas para ayer.

Para romper con la cultura de la inmediatez y abrazar la cultura del esfuerzo, tuve que enfriar mucho mi cabeza y graduar mi empuje.

Sabía que si me pasaba de fuerza e intensidad, podía quemarme y abandonar.

Y luego estaba el que, después de tanto tiempo trabajando, nadie me aseguraba que todo esto saliera adelante.

Aprendí a no tenerle miedo al fracaso y a escuchar lo que puede aportar su aprendizaje, aun siendo consciente de que podía estrellarme.

Además, tampoco me fue fácil sostener mi voluntad y determinación ante un entorno que no hablaba mi mismo idioma, pero esto será algo de lo que te hablaré un poco más abajo.

 

Me sentía un ‘impostor’, nunca me creía suficiente.

Tanto en el proceso de creación del proyecto como a la hora del lanzamiento me abordaron un sin fin de dudas.

¿Quién era yo para hablar de marketing y desarrollo personal? ¿Por qué iba nadie a escucharme? Si ya hay expertos posicionados en el mercado…

Mi mente, de nuevo, autosaboteándome.

Me costó darme cuenta y ver que todo forma parte de un proceso.

Hay que seguir haciendo, avanzando, día a día.

Sin prisa pero sin pausa.

De la misma forma que otros han alcanzado el éxito, entendí que yo también podía hacerlo, siguiendo un paso a paso, con la metodología apropiada, y siempre con los pies en la tierra, satisfaciendo los problemas de mis clientes.

Y ahí está la gracia, que cuando diseccioné el camino en etapas y me centré en hacer lo necesario para ir completándolas de una en una, sabiendo dónde estaba y cuál era el siguiente paso, el síndrome del impostor desapareció.

 

El miedo me atenazó.

Típica situación que nos ha pasado a todos, sobre todo en los inicios, cuando cuentas con recursos limitados.

Tuve miedo cuando veía que mis ahorros, poco a poco, descendían, al invertir en las herramientas que necesitaba. ¿Tendría suficiente para implementar la estrategia que quería? ¿De cuántas cosas tendría que privarme?

De nuevo dudas y más dudas, que lo único que hicieron era sacar el foco de donde tenía que estar: hacer lo que tenía que hacer, cuando lo tenía que hacer, tanto si tenía ganas como si no.

La paradoja llegó cuando me percaté de que haciendo todo lo que había planeado en la estrategia, mis miedos se disipaban por completo.

De hecho, creí que en el lanzamiento sentiría vértigo y solo fue un paso más en mi camino.

Pablo Domínguez: 'Solo le temes a lo que no conoces, pero nunca es para tanto'. Clic para tuitear

 

Me sentía culpable por sólo pensar en mi futuro.

Imagínate, encerrado en mi habitación en ‘modo oposición’, estudiando, aplicando y montando el proyecto, estaba reduciendo al mínimo mi vida familiar, apenas un par de horas diarias en la comida.

Eso me llevaba a sentirme culpable muchas ocasiones por no atender a mi familia como es debido, pero tenía claro que, en ese momento, era el precio a pagar y que nada me iba a entretener.

El caso es que, al final, hablando, me entendieron y me facilitaron mucho el poder avanzar.

Lo que inicialmente era culpabilidad se transformó en agradecimiento infinito.

 

Estuve apegado a cosas ‘accesorias’ de la vida.

Todo este proyecto empezó por que me di cuenta de que estaba en un bucle que no me conducía a la vida que quería vivir, y me tuve que poner a trabajar, a conciencia, para revertir la situación.

Ese bucle se basaba en estar pendiente del fútbol -quería ser periodista deportivo- y de las relaciones, lo que me llevó a estar descentrado.

Estuve apegado a dos cosas que, lejos de sumarme, me restaban.

Pese a que mi área laboral cojeaba, fue mi área afectiva, tras dos rupturas, la que activó las alarmas que, a su vez, encendieron la maquinaria para crear mi sistema, que en este caso sí me dirigía hacia los objetivos marcados.

Efectivamente, los patrones del cómo se producían las cosas comenzaron a cambiar incluso antes de lanzar porque, como te he dicho en alguna ocasión…

Pablo Domínguez: 'Para tener resultados diferentes, tienes que hacer cosas diferentes'. Clic para tuitear

 

Cuando tú cambias, todo cambia.

 

Mi ego quiso venganza.

He de reconocer que hubo momentos, sobre todo al empezar a estudiar en 2019, en los que sentí ira. Quería ‘vengarme’.

Entonces no tenía ni idea de qué era el ego y, hoy, lo sé: gobernarse desde el ego, no es el camino.

Estuve tan harto de estar harto que quería ‘justicia’, cuando, en realidad, se trataba, simplemente, de seguir mi camino y trabajar en mí, en mi proyecto, día a día, olvidándome de todo.

A la vuelta de un tiempo me hice justicia, sí, pero creando el proyecto digital que quería, aprendiendo y disfrutando muchísimo por el camino.

De hecho, en el proceso, aprendí a desearle los mayores éxitos posibles a todo el mundo, por mucho dolor que me hubieran causado.

El foco tiene que estar en crear, en construir lo que quieres, nunca en destruir.

Fue el crecimiento del proyecto, en base al trabajo y la disciplina diaria, lo que me hizo entender que tenía que tener mucho cuidado respecto a desde dónde me movía al hacer las cosas porque todo tiene consecuencias.

De hecho, hay una serie que retrata lo que de verdad supone venganza de manera muy acertada: Revenge.

Comienza con una frase de lo más gráfica: «Antes de empezar un viaje de venganza, cava dos tumbas» (Confucio), huelga decir, la de la persona de la que quieres vengarte y la tuya propia.

Cuando sientes algo así lo que proyectas al exterior es negativo, generando silencio, rechazo y vacío en los demás y, adivina qué…

Pablo Domínguez: 'Lo que le deseas a los demás, es lo que te termina ocurriendo a ti'. Clic para tuitear

 

Así que sonríe, es gratis.

 

Mi entorno no me ayudaba.

En mi círculo cercano apenas había dos personas que de verdad estuvieran en sintonía con lo que yo estaba creando.

Conforme más avanzaba, al hablar de lo que hacía, más chocaba con la mentalidad de los demás.

Ahí entendí que existe un ‘hilo invisible’ entre tu entorno y tú que te condiciona y, al mismo tiempo, supe cómo aprovecharme de él para avanzar en la dirección que quería.

Empecé a pasar más horas al día aprendiendo de lo que hacían y decían aquellos que estaban donde yo quería llegar, lo que, automáticamente, hace que el cerebro absorba su mindset y sintonice con la misma frecuencia ganadora.

Te contaré un secreto:

Pablo Domínguez: 'Nos convertimos en lo que consumimos'. Clic para tuitear

 

Entender esto supuso la pequeña diferencia que marcó la gran diferencia.

Dejé de ver la televisión, dejé de prestar atención a las noticias y me centré en mí, empezando a salir más con quienes hablan mi mismo idioma y que, como consecuencia, generan un impacto positivo y direccional en mi mente.

¿Qué conseguí? Mejoré mi concentración y mi productividad, avanzando mucho más en menos tiempo, hasta lanzar mi proyecto de marca personal al mercado.

Cuando llegué a este punto me di cuenta de que la vida es un juego y, cuando te aprendes y aplicas las normas, puedes moverte y avanzar libremente en la dirección que escojas.

 

Mi lema.

Para concluir quiero contarte cómo nació mi lema: #CrearEsGanar⚡🚀.

¿Recuerdas que te hablé de mi punto de inflexión tras aquellas dos rupturas?

Fue lo que me hizo darme cuenta de algo tan evidente como que todo lo que vemos a nuestro alrededor lo ha creado el hombre y, por si no te has dado cuenta, quienes crean y aportan valor, prosperan. Disfrutan de una vida abundante.

De repente, algo en mí se conectó y comprendí que cualquier persona ya tiene conocimientos, talento, experiencia, formación y, en suma, aptitudes suficientes como para vivir de ello.

Pablo Domínguez: 'Cualquier persona es creativa por naturaleza, tan solo tiene que hacer lo que sabe hacer. Comunicar su valor y ponerlo en práctica'. Clic para tuitear

 

Somos seres sociales, de encuentro, y nuestro valor radica en ello.

Es todo por hoy.

¡Espero haberte sido útil!

¿Quieres más? Te veo en el mentoring.

Mientras tanto, ¡te espero en el siguiente post!

Leer el siguiente post de la trilogía de desarrollo personal.

Os veo dentro, un fuerte abrazo, creadores.

#CrearEsGanar⚡🚀

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